Mi obra alude a la intimidad del (o los) protagonistas, al misterio (o lo incierto) de su devenir. El protagonismo puede estar dado tanto por las sensaciones que genera el clima de la escena como por sus personajes. Me importa que interpele, que llegue, que mueva.  

Prefiero la imagen austera, minimalista, carente de detalle superfluo, que permita que la luz se erija como guía, de modo que su recorrido invite al sujeto a que convierta al espacio propuesto en un refugio, una suerte de tabula rasa donde el espectador se sienta libre de navegar hacia donde quiera. El espacio despojado, amplio, el susurro que insinúa la presencia incontrastable.

Viajante infatigable, fotografío tanto paisajes y personas como naturaleza, arquitectura, o vida urbana. En todas estas instancias la luz y las texturas desempeñan un rol central, descubriendo, ocultando o sugiriendo.

El tiempo es otra dimensión que me importa destacar. Ya sea a través del movimiento, o la imagen. Finalmente, aludo a la dualidad existencial: todo lo que es, puede dejar de serlo.

Mis referentes más salientes son:  John Kosmopoulus, Naoya Hatekayama;  Axel Hütte, Friederike Von Rauch y Luisa Lambri.

© 2020 / Cecile Rausch